viernes, 6 de julio de 2007

Las llamadas, días después (Franela, IV)

Luego de esa primera vez que se la chupamos a Franela, quedó de alguna manera acordado lo que podía ser el sencillo procedimiento en caso de querer volver a tener "contacto".

Mientras nos aseábamos y acomodábamos nuestras ropas —más que desvestirnos, apenas habíamos descubierto nuestros sexos: él para ofrecerlo al cautivado público, miMa y yo para masturbarnos— yo hacía algo de conversación ligera, con alusiones más o menos directas al tamaño de su verga, la profusión y violencia de su eyaculación, la idea de que no sería la única vez que transáramos...
Muy serio, mirando siempre al piso, a su ropa, sus manos, Franela definió la cosa en cortas frases. "Si quieres me das tu teléfono," soltó. Se lo anoté en tres segundos.
"Bueno, cualquier cosa, si estás por allá..." adelanté, refiriéndome a su puesto de buhonero, donde habíamos negociado este encuentro. "No, no pasen por allá," me atajó enfático, celoso de su territorio. "Yo cuando necesite, los llamo." MiMa y yo nos miramos fugazmente. ¿Cuando necesite qué?, pensé. ¿Que se lo mamen? ¿que le den plata?

En un par de días pude sopesar esas preguntas de nuevo, cuando me lo encontré en plena tarde, de vuelta de mi oficina, por la esquina de la avenida —zona neutral, me fijé— como a cuadra y media de su puesto.
— Eeeepa, ¿qué pasó?— me saludó con tono de camaradería, dándome la mano con aspavientos, de pana a pana.
— ¿Qué hay?, seguí yo, acompañando sus pasos. —Mira, men, y lo del otro día...
— Ajá, qué...
— Estuvo bien, ¿no? Dime algo: ¿te gustó más el negocio que hicimos, o te gustó el... trabajo hecho? Porque, cualquier cosa, "fuerza" no siempre hay —aventuré el sinónimo malandro de dinero— pero ganas de trabajar siempre quedan...
— No, bueno, tranquilo... —caminaba rápido hacia su negocio, un amago de sonrisa pícara en su cara: claro que es negocio, pero le gustó la mamada; yo me freno en la esquina para hacerlo cerrar la frase y la conversa— Yo tengo tu número, si el sábado están por ahí, resolvemos...

Y ese sábado, y durante algunas semanas, cuando se acercaba el sábado y a eso de la una de la tarde —me imagino que esa era la hora "legal" de alejarse de su puesto por un rato, a comprar comida— yo sabía que podía sonar en cualquier momento mi celular, y que vería en la pantalla "NÚMERO PRIVADO" o algún número extraño (alquilado, seguramente), y que al contestar escucharía, primero, el ruido inconfundible de la calle, y después:
— Aló... ¿ElOtro*? ¿Qué pasó, pana? Soy yo, el chamo de las franelas...
Nunca me ha dicho un nombre, ni siquiera falso, como sé que algunos acostumbran hacer. Y yo, aunque el día, la hora y el tono inconfundible ya me lo habían dicho todo, pretendía casi siempre no reconocerle hasta que decía eso: "el chamo de las franelas..."
— ¡Ah, epa! Qué cuenta...— Y me quedaba callado, para ver si se atrevía a asomar el tema obvio de la llamada, que casi siempre resumía así:
— Mira, y... ¿qué pasó? Háblame claro...— O si no:
— Mira... te tengo las franelas... ¿te las llevo?
Sabía yo entonces que estaba en un teléfono de esos alquilados, rodeado de gente, sin poder hablar en privado, y le soltaba alguna cochinada:
— Qué pasó... ¿Pendiente de una mamada? ¿Quieres que te saque la leche?
Se reía, obviamente nervioso, y dejaba entonces que yo le diera las instrucciones precisas: vente, que estábamos hablando de tí; o no, no estoy en casa pero llego en un rato; hoy no se puede; no hay fuerza. Muchas veces, en honor a la verdad, me molestaba haber llegado a tanta confianza, y sobre todo a pagar por tener sexo; esas veces me negaba o no contestaba el teléfono. MiMa, más estricto que yo con aquello de repetir, me apoyaba con una mirada severa.
Pero otras veces dictaba él:
— Mira, yo estoy por allá como en diez minutos, baja y me abres...
Y entonces mi erección era inmediata, y si a miMa le parece buena idea —siempre deja que yo haga la negociación con él, Franela también "se corta" un poco hablándole aunque no tiene problemas en dejarle "hacer"— me hacía un gesto de aprobación y yo cuadraba todo. Y más tarde nos encontramos de nuevo por un rato con el fabuloso falo y el cada vez más desnudo y colaborador cuerpo que lo acompaña...

Next: Cada vez más desnudo. Mi reto: que se dejara hacer cosas...

(*) Me llama, claro, por mi nombre, no por este
nick.

5 comentarios:

  1. Buena historia...no deja de ser excitante .. debes contar que paso en detalle

    slds

    JHON

    ResponderEliminar
  2. Poco a poco voy echando todo el cuento, Jhon... Gracias por visitar. Estaré por allá también...

    ResponderEliminar
  3. Y "Franela V"? Hoy empecé a leer tu blog y quede con las ganas de saber un final... Muy bueno ;)

    ResponderEliminar
  4. El amigo Franela da para V, X y otras letritas griegas. Poco a poco desenmaraño la trama... Gracias por visitar.

    ResponderEliminar
  5. ...me suscribo como abonado de esta historia. Excelente elotro, excelente.

    ResponderEliminar