viernes, 29 de junio de 2007

La primera vez que subió (Franela, III)

Llegué a casa soltando las llaves y contándole a miMa el encuentro cercano del segundo tipo* con Franela. Tras unas tibias imprecaciones sobre el riesgo de tales aventuras públicas, quedó claro que no le parecía mal explorar las posibilidades de algo más...

Así que el sábado, un par de días después, nos dimos una vuelta por su puesto de venta. Yo, siempre un poco más zumbao en estas cosas —sobre todo si estoy acompañado— me acerqué, como quien no quiere la cosa, a las ristras de coloridas prendas colgadas, como quien evalúa una compra. Lo cual, de hecho, estaba haciendo.

— Epa, qué hay... —Dejo la pregunta abierta y reviso franelas y camisas, sin verle a la cara.
— Dime, pana, a la orden...— Me mira brevemente, y me reconoce. Comienza también a acomodar su mercancía. Ahora sí busqué sus ojos para asegurarme que supiera a qué nivel estábamos negociando:
— Y... ¿el otro día qué? Yo pensé que te quedabas...
No contestó, pero por su gesto entendí que la cosa no era "el otro día", que estaba allí para resolver. Me miraba esperando la propuesta. De una vez le hablé de dónde resolveríamos.
— ¿Sabes... dónde está el edificio Tal?— MiMa ya estaba a mi lado, viendo camisas y atento al negocio. Lo incluí en la conversa con la mirada.
— Ese está bajando por aquí, ¿no?— Se lo señalé, disimulado. Lugar, listo. Tiró entonces su anzuelo: —Ah, bueno... Pero tú sabes que yo cobro...
No me lo esperaba, tampoco me sorprendió. Pero ya estábamos "montados en el autobús": sí estaba dispuesto. Mientras yo revisaba revisaba las costuras de una franela verde con la bandera de Brasil, le pregunté cuánto.
Tantosmil, la franela... —disimuló.
— ¿Y en cuánto me dejas dos? —le dije mirando la franela y a miMa. También él lo sopesó.
— Dame otrostantos. —MiMa y yo nos miramos, rápido, y aprobamos. Le devolví la franela de Brasil, con lo que él se acercó bajando la voz: —Espérame en la puerta como en media hora, yo paso por allá...

Ya teníamos cita entonces. ¿Para qué? Bueno, al menos vería el mástil de carne de nuevo; qué hacer con él se vería en el momento. Repasamos algunas medidas y precauciones: lo llevamos a esta habitación. Mosca si tiene un bolso. No dejarlo solo ni en el baño. Cualquier cosa, condón. Y cuidado con el semen...

La media hora pasó como en cinco minutos. Nos entretuvimos en la puerta del edificio viendo películas quemadas, y al rato lo vimos acercarse, apurado y viendo a los lados como si temiera ser seguido. MiMa abrió la puerta y Franela pasó, sin vernos, cual celebridad con guardaespaldas. Paranoico de ser visto en ese trance. En el ascensor miraba a las puertas, preguntaba. "¿Hay alguien más en el apartamento?" No. "Nada más ustedes dos?" Sí, nada más.

Llegamos a casa y miró alrededor antes de llevarse las manos al cierre del pantalón, que ya se veía abultado. "No, aquí", le dije señalándole la habitación. Entonces entró al baño — a lavarse, por lo que se oía— y cuando salió ya le esperábamos al lado de la cama. Entró, se paró a mi lado y se abrió el cierre. Metí la mano y lo que saqué sobrepasó mis expectativas, pues no la había visto antes tan de cerca: una tremenda verga morena, ya semierecta, que al apretarla sentí caliente, latiendo y creciendo más.
Me senté al borde de la cama y ví a Franela a la cara: sólo esperaba lo obvio, mientras se miraba el pene. Eché hacia atrás su piel para descubrir una cabeza ancha y púrpura de bordes gruesos, y de inmediato me la metí en la boca... Su calor me inundó y me recorrió el cuerpo. Él empezó a bombear dentro de mi boca con el miembro, que yo trataba de acomodar hasta donde fuera posible.

Me separé tras una buena mamada inicial, para liberar mi propio pene que estaba a reventar, y miMa se hizo cargo. Esta es una escena que me gusta ver, así que me paré mientras me abría el pantalón, para apreciar el trabajo de miMa, dándole lengua a la verga morena y masturbándose al mismo tiempo, y la cara de concentración de Franela, sus manos en la cintura y la cara ladeada, viéndose adorado por el falo.

Pero no quería perderme la merienda. Me acerqué, ahora dándome unos toques al miembro, y como siempre en estos casos, tanteé hasta dónde podía llegar con el tipo: me le acerqué con mi pene en la mano hasta casi estar a su lado, a ver qué hacía. Ni lo vió, y alejó disimulado la mano. No hay caso: sólo quiere una cosa. Me senté de nuevo y le agarré el miembro a la mitad, guiándolo a la boca de miMa, dándole ligeros golpecitos en los labios con la cabezota húmeda. "Mmmm, sí, dale, así...", dijo por fin, tras su silencio desde que empezamos. Lo masturbé un poco y luego seguí mamando. Mientras miMa se separaba, Franela se abrió el cinturón (apenas tenía el pene a través del cierre), y se abrió el pantalón, bajándolo sólo unos centímetros. Lo agarré por la cintura y busqué la liga del interior, que estiré hacia abajo para descubrir los testículos. Se los lamí un poco. El tipo se subió un poco la camisa, y miMa aprovechó para chuparle un poco una tetilla. Franela se dejó hacer por un rato, pero no encantándole, aparentemente. En un momento se cubrió el pecho nuevamente, y le puso la mano en el hombro a miMa, empujándolo hacia abajo. Quería que me acompañara en la felación. Así que de repente nos encontramos ambos a la altura de su pene, que Franela se empujaba hacia abajo por la base con dos dedotes, su cabeza poniéndose más dura, más roja, más grande. Nos acercamos cada uno por un lado, y formamos una especie de túnel con las bocas, que el tipo aprovechó bombeando, cogiéndose el espacio entre los dos, el glande rozando nuestros labios en su ida y vuelta. Yo sacaba la lengua para encontrarme con el sabor de su falo, con los labios y la lengua de miMa. Franela aceleraba cada vez más, mientras miMa le acariciaba las bolas con su mano y yo exploraba por su pecho con la mía. Ambos nos pajeábamos aceleradamente, Franela gemía, hasta que se detuvo, puso su mano en mi cabeza y me volteó poniendo mi cachete frente a él, lo que entendí como el acto final. MiMa se juntó un poco, justo cuando Franela chupaba el aire entre sus dientes, se masturbaba furiosamente por unos segundos y el semen blanco, caliente, se disparaba del orificio en su glande y se regaba por mi cara, por el piso, volaba por el aire...

MiMa, sincronizado perfectamente, acabó en su mano viendo la eyaculación del "invitado", y yo después, en el lavamanos del baño cuando todo terminó, mientras Franela se apretaba la verga para exprimir las últimas gotas de semen y buscaba con la vista y en silencio con qué limpiarse. Le largué una franela usada donde se secó la leche, me lavé la cara y le di paso para lavarse.

(*) En UFOlogía, el estudio de Objetos Voladores No Identificados, un encuentro cercano del segundo tipo consiste en avistamiento del tal objeto, mas algún efecto físico asociado: calor, radiación, parálisis de humanos, ganado asustado... tres de los cuatro efectos no está mal, ¿no?

2 comentarios:

  1. Wow, que erótico !! me da envidia jaja.. Esas aventuras me estimulan tanto !. Gracias por compartirlas.
    Gracias por tus mensajes, prote haré mas entradas al blog! Gaby

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  2. Agradecido por su visita y comentario, señor gabriel... y esperando sus nuevas historias. Un saludo.

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