lunes, 25 de junio de 2007

La marcha es este domingo

Como ya me lo confirmó mi amigo el activista ayer, este domingo 1° de julio es la Marcha del Orgullo Gay de Caracas. Siguen siendo sus coordenadas Parque del Este como inicio y Plaza Venezuela como llegada.

Ya tengo lista mi cámara y mis zapatos cómodos: en años anteriores había esperado la manifestción en su llegada, la Plaza de los Museos, pero esta vez quiero recorrer, si no toda, gran parte de la ruta planteada.

Y como me dijo "mi hijo" DD en estos días, hay que ir a ver papitos... ¡Y dejarse ver, digo yo! No tanto como para salir en la foto de portada el lunes siguiente en Últimas Noticias, pero... estar allí. Hacerse sentir. Formar parte de un colectivo que, como toda agrupación humana, tiene sus fallas, contradicciones, bajezas, miopías... pero también sus fortalezas, sus deseos, y sobre todo sus derechos y sus justos reclamos.

Ahora bien... ¿por qué marchar? ¿Hay alguna reclamación en el aire, alguna petición concreta de nuestro colectivo a la sociedad en general, que debamos promover? Porque además del previsible desfile de machos buenazos y liberador bonche callejero (adornado de plumas y faralaos, seguramente) debemos estar concientes de que como grupo estamos sentando una posición. Un punto de vista.

Leí en el blog de Jogreg su acertada opinión acerca de estos eventos y, tal como se lo comenté allá, me parece que lo importante de la marcha no debe ser necesariamente el bonche (¡¡¡que también vamos a disfrutar, quién lo duda!!!), sino establecer una presencia, una visibilidad como conjunto.

Muchos dicen que al marchar, nos estamos segregando del resto de las personas cuando deberíamos buscar, en realidad, lo contrario. La diferencia de punto de vista puede ser sutil, pero yo creo que precisamente el reconocimiento del colectivo gay pasa constantemente por afirmarse como grupo visible y numeroso, que existe y seguirá existiendo —y no afirmar orgullo, que tampoco comparto plenamente: soy así; ¿por qué habría de estar orgulloso? Es como estar orgulloso de tener dos piernas: no hice nada para lograrlo. ¿Si fuese de otra forma me avergonzaría entonces? Tampoco.

Quienes piensan que para ser aceptados debemos dejar de manifestar, creo que en el fondo no temen que nos volvamos un gueto auto-aislado, sino que temen ser señalados, estar bajo la lupa pública. No claman la integración para ser normales, la claman para ser invisibles.

Hay muchos derechos y reivindicaciones que se logran sólo con presión y constancia. Sabemos que los derechos de las parejas gay se han logrado en otros países de esa forma, y no pretendiendo que diluyéndonos en la mayoría tarde o temprano seremos aceptados...

¿Y qué pasa con los que dicen que no quieren juntarse con una parranda de locas en plumas y vestido? ¿Los que no le ven la gracia a un poco de hombres imitando a Shakira o a Miss Venezuela? Yo soy uno de ellos: no discrimino a nadie, pero nunca me verán desatándome ese día, ni maquillándome para ejercer mi derecho a que me gusten los hombres. Soy hombre, y natural, normal.

Y precisamente por eso es que pienso que el mayor grupo de la marcha tiene que ser el de carajos normales, como yo, como la mayoría de amigos gay que tengo, que somos cualquier persona: el vecino, el amigo, el compañero de trabajo. Tipos comunes y corrientes. Así la gente tiene que darse cuenta de que formamos parte de su entorno inmediato y cotidiano. Que no somos monstruos a quienes temer. Y esto sin desdecir de quienes elijan ir de "locas" —de hecho, estaremos celebramos la inclusión si, al ser diferentes, marchamos juntos...

¿Y ustedes qué piensan?

4 comentarios:

  1. Yo pertenezco a una generación a la que nunca se le permitió (ni tampoco lucho por asumir su derecho a) manifestarse. Siempre vivimos sumidos en la oscuridad y la ignominia. Por eso es que celebro este tipo de manifestaciones públicas en las que se demuestra a los demás que no tenemos nada de qué avergonzarnos. No me interesa si le llaman orgullo o no. Lo que sí es cierto es que las nuevas generaciones sienten que no tienen nada de que sentirse culpables, dado que nuestra condición no es ni un delito, ni un pecado ni una enfermedad.
    Disfruten y manifiesten. Mucha suerte este sábado.

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  2. Con esa manera de pensar, don arturo... ¡perteneces más que unos cuantos a esta generación, ni hablemos de edad! Gracias, ya contaré por aquí los pormenores...

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  3. Genial, el comentario es muy vàlido. No somos iguales al colectivo "mayoritario" pero si contamos con nuestros derechos, no somos dementes ni enfermos ni especiales, simplemente somos. De igual manera, en mi generaciòn lo pecaminoso y lo tabú del temo, nos hizo mantenernos mas encerrados sin posibilidad de salir so pena de ser execrados socialmente.
    Un abrazo a todos y de pronto nos encontramos en la via.

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  4. en estas marchas se ven de todo...¡¡¡¡

    lo importante es mantener el orden y la comprension no todos somos iguales aunque bajo un arcoiris defendemos nuestros derechos....

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