domingo, 10 de junio de 2007

Bisexualidad

Un reciente post de mi amigo Patacaliente me puso a pensar, cuando le respondía, sobre la bisexualidad, que él profesa (¿practica? ¿siente? ¿representa? Help me here...). Me parece que me explayaba demasiado en el comment, así que corté y me traje el resto de la reflexión para acá.

No puedo decir que haya tenido una opinión invariable sobre la bisexualidad a lo largo de mi vida. Alguna vez me pareció una definición que encerraba a los "hipersexuados", los que veían sexo y morbo en todo ser viviente: no una opción sino la suma de todas las opciones, la de los que lo quieren todo. Mas esta era una visión bastante genital (y un poco paranoica) del asunto, del que no tomaba en cuenta la dimensión afectiva.

No dejé de pensar también que los gays indecisos o inseguros se llamaban a sí mismos bisexuales; así podían tener una relación heterosexual que poder "mostrar" en el mundo normal, y echar una cana de vez en cuando con los de su mismo patio —donde realmente se sentían a gusto— sin sentirse culpables o raros. Una especie de paso previo a la aceptación de la condición gay. Y como dice Pata, es casi tópico que los gays declarados vean a los que se dicen bisexuales con una especie de paciente incredulidad: Sí, claro... Bi. Tú lo que pasa es que no quieres que te digan marico...

Y aunque esa perspectiva también me negaba de plano que existiera una real bisexualidad, aún ahora creo que hay algunos se engañan de esa forma, o no están en capacidad de reconocer ante sí mismos que gustan de personas de su mismo sexo y lo disfrazan como "uno de los colores" de la "amplia" gama sexual que abarcan. Creo que sufren, y en el proceso hacen sufrir a la persona que está a su lado sirviendo de tapadera de los verdaderos sentimientos...

Esa es una cosa que nunca pude hacer. Puedo hablar por mí. Soy gay, pero como muchos, tuve novia a la edad en que eso comenzaba a ser práctica (bueno, más bien un poco tarde), y aunque creo que esa fue una etapa muy importante y feliz en mi vida—hubo amor, me sentía en verdad bien con esa persona— me movieron más las ganas de encajar en la norma y el empeño de ella (nunca fui muy asertivo) que el deseo real de estar con una mujer. Por eso el sexo... quedó pendiente. Hubo quizá miedo, al menos de mi parte. Y una de las muchas voces que escucho en mi cabeza cuando me adentro en esos temas dice que de haber sido más decidido en cuanto a intimar con ella, tal vez (sólo tal vez) mi universo sexual/emotivo sería muy distinto al de la actualidad. No lo sé. Pero eso es otro tema.

Lo que sí me quedó claro fue que, una vez aceptado el hecho de que me gustaban los hombres (y créanme, que tardé en darme cuenta; creo que más que las personas que me rodeaban), no iba a hacer creer a nadie una cosa cuando sentía otra —y menos a una persona que se involucrara sentimentalmente conmigo. No me verá nunca nadie, y menos a estas alturas, simular una relación o tan siquiera simular deseo sexual en una conversación de pasillo entre machos, para salvar mi imagen ante los "normales".

Tal vez lo que he sacado en claro de todo este barullo confuso en mi modo de ver la bisexualidad es que ahora mismo tal vez sí reconozco la afectividad como parte del tema. Una persona bisexual puede desear a otras de su mismo sexo o del opuesto, pero también puede enamorase de ambas (no a la vez, se entiende; eso también es otro tema); yendo incluso más allá, una persona puede tirar frecuentemente con otra del sexo opuesto (¡puede incluso, cuando la lujuria es demasiada, tirar con una muñeca de plástico, con un bistec crudo, con el perro del vecino!), pero hay que hurgar en dónde se haya la emocionalidad de esa persona para ver la verdadera inclinación.

Hace unos años me abrí (en el sentido emocional: me salí del clóset) ante un gran amigo hétero a quien ya había contado, cervezas de por medio y para saciar su socarrona curiosidad, que mis encuentros sexuales habían ocurrido tanto con hombres como con mujeres. Esto último de las mujeres, aunque fuera cierto, lo sostuve más por pena, más como un último vestigio de lo que me hacía similar a él: ey, también cojo hembras como tú, no me odies. "¡Pero si tiras con mujeres, y sé que lo hiciste con XYZ, no eres marico!, me decía. "Si acaso bisexual". "Habré tirado," le dije quitandome del rostro el último vestigio de máscara, incluso descubriéndolo para mí mismo: "pero no me enamoro. Sólo he querido a hombres". Se rindió: tenía un pana marico.

Creo finalmente que la dirección del deseo es otra de las diferencias entre el ser bi y ser gay confundido: el que quiera o diga querer mucho a la persona del sexo opuesto con la que hace pareja, pero no sienta o exprese similar deseo por ella, y sí por los de su mismo género (y que además, sienta culpa por ese deseo "pecaminoso" o "transgresor") no es bisexual. Es, como las sabias locas de más arriba, que no quiere que le digan marico...

5 comentarios:

  1. Para mi a quien le sucede esoq ue comentas es simplemente alguien que ha separado el amor del deseo, entregandole una cosa a una mujer y la otra a un hombre en su afan de ocultar lo que su corazón y su entrepierna le indican;)

    ResponderEliminar
  2. Yo no sé si existen o no los bisexuales...

    Solo sé que, de los que conozco, todos terminaron eligiendo ser gays.

    ResponderEliminar
  3. interesante tema el de la bisexualidad...

    yo tampoco sé si existen o no, pero los que se autodenominan así tienen un no sé qué de altivez, que parece más un consuelo, un mecanismo de defensa que les dice que no son totalmente gays que me hace pensar que no se quieren asumir... no se dan cuenta en el quebradero de cabeza en que se encuentran. el deseo, amor y afecto deben apuntar a una misma parte

    saludos,
    Dorian

    yo

    ResponderEliminar
  4. ¡Ah! Pero... ¿no son, queridísimo Joker, dos cosas distintas, el amor y el deseo? Hermanos gemelos que, dueños de albedrío cada uno, a veces van de la mano inseparables y otras, peleados o simplemente distraídos por distintas cosas, separan sus caminos y se encuentran, de vez en cuando, frente a frente, o incluso en aceras distintas...
    Creo que nustras vidas serían la mar de más fáciles si amáramos con el corazón y deseáramos con el cuerpo; nunca de la otra forma.

    No puedo, don arturo y dorian, meterme en la cabeza de quien se dice amante de los dos sexos; aplaudo su determinación de no constreñir su deseo juzgado como contranatura, y si hacen alguna "elección" pues se habrán encontrado en su camino con una disyuntiva que yo nunca ví en el mío...

    Grcias a todos por visitar y opinar.

    ResponderEliminar
  5. casi me hago padre por andar tratando que querer a una mujer

    ResponderEliminar