miércoles, 5 de septiembre de 2007

Muéstramelo: no te vas a volver gay...

Como siempre, un interesante debate en un blog que sigo, el de Aloner&Daniel, me ha soltado los dedos, tanto para comentarles allá como para venir a acordarme de este cuento y soltarlo aquí.

¿Cómo lidiar con el interés sexual de un amigo? Aunque allá los panas en su discusión tocan y también eluden algunos aspectos sobre el tema, primero hay que estar seguro de que ese interés en efecto está allí. Y el cuento del que me acordé es precisamente un ejemplo de cuando no lo está, y en su lugar hay sólo confusión, un poco de temor y —por qué no reconocer su influencia— unas cuantas cervezas.

Hace algunos años me quedé en casa de un amigo de estudios, hétero él y plenamente conciente de mi homosexualidad (que no le afectaba ni interesaba), y tras un rato de conversación y cervezas, nos fuimos a acostar. Mi amigo, como imagino que era su rutina cuando estaba solo y ya que tocamos tangencialmente el tema, puso una película porno. Hétero también, claro, como todas las que tenía e incluso alquilaba.

Nos bebíamos las últimas dos birras ante la tele, y allí estaba esa profusión de penes, bocas y vaginas haciendo lo suyo así que yo, como casi cualquier ser de sangre caliente, me excité y comencé a tocarme por encima de la ropa, discreto. Mi amigo, muy verbal y analítico, soltó: "Estás viendo una porno straight, te estás tocando y obviamente se te paró la paloma. ¿No será que en el fondo eres un heterosexual reprimido?"

Tras las borrachas carcajadas, le aclaré que aunque había de todo en las imágenes, eran las gigantescas vergas trabajando lo que me entretenía. Además le expliqué que, de acuerdo a mi forma de ver las cosas, detrás de todo gay hay, si bien tan solo biológicamente, un hétero. ¿Reprimido? No lo sé; tal vez sólo "no desarrollado", o latente, o atrofiado. Qué se yo. Había cervezas y había sexo en la pantalla. Mi cuerpo respondió.

Y el suyo también. Para eso están esas películas, digo yo. Pero lo que sucedió es que, tras terminar el video (¿terminaría en realidad? No es que la trama de estas cosas importe en realidad... el caso es que dejamos de verla), él se levantó, tiró su lata vacía y la colilla del cigarro a la basura y se encerró en el baño.

Estamos hablando de un carajo desinhibido totalmente (de los que no ve ningún problema en "pelar las nalgas" ante una cámara, por ejemplo), y de un apartamento de madrugada ocupado por nosotros dos, sin tías, mamás o hermanitas presentes. Su espalda mientras orinaba no iba a ser una escandalosa revelación entre panas, así que obviamente había otra actividad llevándose a cabo...

Salté de la cama y toqué la puerta con mi cerveza. "Chamo, ¿qué estás haciendo?" pregunté con lo que ahora se me antoja era un tono etílico y socarrón, y sabiendo la respuesta. Que no tardó: "¡Me estoy haciendo la paja, qué más!" ¿Molesto? No lo percibí. Me quedé viendo la puerta. ¿Por qué no lo hizo en la cama, viendo la película? Así lo habría hecho yo... Si él hubiese comenzado, claro: es su casa. Mi erección me decía aún que perfectamente podía haber participado de un ¿dúo? de pajas, acostados frente a la tele, como continuación natural de la conversa y la estimulación visual; luego acabar, limpiar, y a otra cosa. Como panas. Él no lo vio así, obviamente.

"¡Abre, marico, déjame entrar!" insistí, estúpidamente. Vamos a hacerlo los dos, pensaba. Como panas. ¿Con deseo por él? No. Juro que no. Y aunque parezca obvio que de masturbarnos juntos yo lo vería como un hombre desnudo y excitado, y tal vez mi inclinación sería un poco incómoda para él en el momento, no perseguía nada más allá que reconocernos en la común franqueza de la excitación como algo físico. Aunque sea difícil verle la gracia a hacerse la paja junto a otro carajo sin que haya nada sexual con él, en ese momento de leve sopor alcohólico sólo lo veía como uno de esos extraños, intransferibles e inexplicables lazos de que se componen las amistades a toda prueba. Una estupidez tal vez un poco vergonzosa como la que hace reírse con picardía a un par de viejos cuando muchos años después rememoran sus andanzas juveniles.

Lo que él vio fue al marico que se tomó unas cervezas y se puso "atacón". ¿Para qué iba yo a querer verle el miembro erecto a este?, pensaría. ¿Para qué iba a querer verme pajeándome sino para excitarse o intentar algo más? Pero yo no intentaría algo más... al menos creo que no, pues nunca tuve chance de averiguarlo. "Pana, qué ladilla..." soltó en el mismo impulso con que abrió de golpe la puerta y siguió hacia la habitación. Yo quedé frente a un iluminado baño, limpio de rastros reveladores, donde eché la última meada de la noche, me lavé la cara y no recuerdo si resolví la ya entonces olvidada excitación sexual. Un vago intento de conversación normal después, la oscuridad y el alcohol en la cabeza terminaron la confusa noche, que parecía no haber sucedido a la mañana siguiente.

Hasta el sol de hoy veo que nuestra amistad, si bien últimamente lejana por cosas típicas de terminar de estudiar, mudanzas, etcétera, no se alteró por el asunto. Un leve shock de incompatibilidad en la manera de ver algunas cosas, que no pesó sobre la forma de ver otras, las que nos unían. ¿Tal vez ese será, a la larga, el extraño detalle de que me acordaré en algunos años? Quién sabe. Tal vez incluso un lazo mal entendido puede funcionar como un lazo al final...

7 comentarios:

  1. Es que todo el mundo fantasea alguna vez. Todos vemos a ese amigo hetero con un pensamiento, aunque sea lejano, de que quizá...solo quizá.
    Pero bueno. Avatares de la homosexualidad. Por eso el heterosexual siempe desconfía, porque, de hecho, siempre hay razones para desconfiar.
    Saludos

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  2. Creo que todos hemos pasado en mayor o menor grado por eso. Creo que a veces vivimos demasiado la fantasía del hetero que se anima a "algo".
    Que bueno volver a leerte.

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  3. Amigo yo lo entiendo un poco a el, no debe ser comodo masturbarse y que un homosexual te este viendo, pensando en quien sabe que cosa.
    Debiste aclarar que no le harias nada e irte a dormir.

    Saludos. ;)

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  4. "...y hablaban de fútbol, luego de mujeres, en la habitación que compartían, y de repente me dijo, parece que lo tienes parao, si quieres yo te ayudo y te masturbo..."

    Esto es lo más cerca de esa situación, es la narración de la experiencia que tuvo un amigo con un chamo que se quedó en su casa alguna vez.

    en lo personal, si he tenido fantasías con heteros, pero se desvanecen rapidamente.

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  5. La cosa está dura hoy: vengo de "Casa e´Juanjo" echándome Irudoy en los coñazos que me dejó el post de Los Cachos y llego acá para que vuelvan trizas unos de mis dogmas más amados: "¡Claro que es posible la amistad sincera y casta entre un hombre y una mujer!"... Y es que me he puesto a pensar y resulta que con TOOOOODOS mis amigos hetero yo he sentido alguna vez el impulso de "perjudicarlos"...

    Acto seguido:

    "-Bueno pero con las mujeres si se puede.
    -Claro pendejo, como no se va a poder si no te gustan...
    -Coño, entonces Viviana Gibeli tenía razón cuando cantaba aquello de: AYAYAI esos amores, de amigos; AYAYAI esos amores, de amigos...
    -Pues si.
    -No, yo me mato, ¡me mato!"

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    Gracias Elotro por visitar mi blog y por tu comentario, le echaré pichón porque ustedes ponen el listón bien alto...

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  6. Gracias a todos por comentar...

    Sobre aquello: creo que ni en ese momento, ni en ningún otro, sentí deseo sexual por mi amigo. Ni he tenido fantasías donde él finalmente me dice "sí, quiero tirar contigo", o lo violo dormido. No.

    Pero sucede que cuando las cosas se van a lo sexual, no hay tiempo de separar el grano de la paja, o lo que hay de lo que parece haber.

    Y no digo que los hétero sean campo minado para mi. ¡Dios, nunca! Si basta leer algunos de mis posts: como casi todo gay, considero un reto acostar a un macho.

    Pero esto era distinto: era reconocernos en la común franqueza de la excitación física. Me aventuro a decir que, de haber ocurrido, hubiese anotado esta experiencia entre los momentos más heterosexuales de mi vida. Traten de verlo de mi punto de vista, confío en que podrán...

    Gracias de nuevo.

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  7. Interesante el tema.

    En principio yo me preguntaría por qué razón ese jovencito tenía que poner una película porno estando con un chico gay. ¿No te parece acaso que es una especie de provocación histérica? Te hago saber que se me paró y que me estoy pajeando pero no te dejo mirar siquiera.

    Además, no le hubiera pasado nada malo si se pajeaba delante tuyo. Incluso si te permitía practicarle sexo oral para que pudiera correrse con mayuor placer... ¿Cuál es la diferencia entre una mamada de mujer y una mamada de gay? Que las mamadas de gay son mejores!!!!! jijijiji.

    Él se lo perdió ¿no es cierto?

    Así son los hétero. Tan remilgados y a la defensiva. Yo creo que muchos de ellos porque no están tan seguros de lo que sienten.

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