lunes, 6 de agosto de 2007

Donde se come no se... efectúan deposiciones

Este dicho me vino a la cabeza* —un poco tarde, la verdad— cuando, en uno de mis lances callejeros de levante, me encontré repentina e involuntariamente expuesto, identificado y casi levantado.

Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador.

Levantar, lo que se dice levantar, es un ejercicio continuo, y no siempre consciente. Aunque no se esté en disposición de llevarlo hasta el natural desenlace, siempre se intenta. Uno siempre quiere comprobar que tiene la capacidad ahí latente, que no ha perdido el toque.

Así que no podía evitar, cuando pasé la otra tarde frente al gimnasio que queda cerca de mi casa, echar un evaluador ojo a quienes salían. Entre los previsibles camiones de carne —que no me interesan salvo como curiosidad biológica— se abría paso un muchacho blanco, alto, con sus musculos bien formaditos y expuestos, que de repente se dio cuenta de que lo buceaba, y me sostuvo la mirada mientras llegaba a la acera y nos cruzábamos brevemente.

Me detuve al lado de un kiosko para voltear a detallarlo y darle a entender que me interesaba. Nuevamente le clavé la mirada. Él repartía la suya entre el tráfico de la avenida (se disponía a cruzar) y yo. Se colocó de frente a mí, esponjó lo mejor que pudo su pecho adolescente en franela blanca —bello, en verdad— mientras yo hacía lo propio cuadrándome para llamar su atención, en mi cara una expresión casual: Sí, estoy aquí para ti. Devuélvete y no te arrepentirás...

(Pero esto era sólo medianamente cierto. Se me hacía tarde para llegar a terminar un trabajo en casa y, si me hubiese respondido, me mete en un aprieto. Además, como ya dije, no siempre tiene uno las verdaderas ganas de llegar hasta el final).

El caso es que tal vez miré mucho y no dí señales; o tal vez sí las dí y eran: no vamos a llegar a nada. De repente se decidió, cruzó la avenida y caminó hacia el Metro, sin voltear ni una vez. Yo me quedé allí, siguiéndolo con la vista, en un arco hacia la esquina, hasta que su silueta se perdió detrás de... un vecino de mi edificio que me miraba directamente a los ojos.

¡Dios, cómo me pasó esto!, pensaba yo, mientras me daba la vuelta, torpe y confuso, imaginándome que él había visto todo: el acercamiento, el flechazo visual, la espera... Todo. Seguí caminando hasta la casa, ignorando al vecino, y esperando que por una extrañísima casualidad no se hubiese enterado de nada.

* * *
¿Quién me manda a andar haciendo esas cosas cerca de casa? Donde uno vive están las vecinas amables, los vecinos que tal vez han depositado su confianza en ti, los que te conocen quizá desde pequeño. ¿Pueden imaginarse si por casualidad te pasa esto mismo pero con una tía que iba a visitarte, o algo así? Definitivamente, hay que tener cuidado apartando un poco los ambientes en los que uno se desenvuelve...

Lo mismo pasa en el ambiente de trabajo. ¿Habrá una actitud más descocada que la de ponerse a fijarse y, peor aún, buscar acción en el sitio donde uno se gana el pan? ¿Y si todo va mal? ¿Y si encuentras acción y después se enrarece la cosa con el contacto? ¿Se imaginan tener que seguir viéndolo en la oficina, día tras día? ¿O que ese contacto se vuelva loco o celoso o vengativo y te ponga en evidencia? Puedo imaginar pocas pesadillas como esa, francamente...
* * *

El cuento no terminó aquí: como dije, me vi esa vez expuesto, identificado... y faltaba "casi levantado". Sucede que una media hora después de llegar a casa, cuando había olvidado todo y juraba no volverlo a hacer, sonó el timbre... ¡y era el tal vecino! Que nunca en su vida había tocado mi puerta (ni siquiera sabía que supiese dónde era), y que sólo saludaba de vez en cuando en el ascensor... ¡Llegó hasta mi casa! ¡En efecto había visto todo, y creía que había ahí algo que aprovechar!

—Hola, vecino...— me miró intentando hacerse el serio, el casual —Quería preguntarle si no tenía un CD de esos para limpiar el equipo de DVD, que quiero ver una película y parece que el cabezal está sucio...
¿Pero qué es esto? ¿Y por qué esta loca del coño viene hasta acá con esa pregunta burda y más falsa que billete de trece? ¿Es que este carajo cree que los argumentos de las películas porno se dan en la realidad? ¿Acaso cree que le voy a preguntar qué película quería ver, se saca del bolsillo un DVD de Falcon Video y nos echamos en el suelo aquí mismo a tirar?
—No, pana, no tengo ni DVD...— le respondí, más absurdamente todavía, a ver si espabilaba y se daba cuenta de que su estrategia era la de una zorra imbécil— ...y tengo la cocina prendida, chao.

Le cerré la puerta en las narices, maldiciendo el momento en que se me ocurrió ser tan descuidado en plena entrada de mi edificio, recriminándome la falta de cabeza para pensar cuando se me aparece un simpático chico y me mira a los ojos... Incapaz de alejarme de la cocina antes de agacharme a deshacerme de los desechos.
______
* Me vino, claro, con todas sus letras: donde se come no se caga. Es que se veía feo de título...

martes, 31 de julio de 2007

Ocho son

De Valencia me llega la tarea...

Ya en algunos de los blogs que frecuento había notado estas listas de ocho intimidades confesadas por sus escritores... Me dije: el espacio bloguero es pequeño, tarde o temprano me tocará. Y me tocó. Así que ahí va mi parte. El juego del ocho, imagino que se llama:

1. Cada jugador cuenta 8 cosas de sí mismo (y como este blog es como es, serán cosas bien... crasas. Aguanten).
2. Además de las 8 cosas, tiene que escribir en su blog las reglas
(helas aquí).
3. Por último tiene que seleccionar a otras 8 blogueros y escribir sus nombres o blogs
(a ver si consigo ocho que no hayan escrito ya esto mismo). Y
4. No hay que olvidar dejarles un comentario informándoles que han sido seleccionadas para tal juego
(lo haré).

De seguidas, mis ocho:

1. Como no soy circuncidado, cuando pequeño en el kinder una vez nos reunimos en el baño "a vernos los pipís" y el primero que ví "pelado" me confundió... ¿Por qué el de él tiene ese cabeza azul y el mío es un choricito de pura piel? Tarde o temprano pude descubrir el glande, aunque también cuando ví por primera vez uno por debajo (el frenillo) no entendí nada...

2. Lo tengo torcido. Un poco hacia la izquierda. Antes me desesperaba esto: creía que era un freak. Pero internet me ha mostrado que es común, incluso deseado por muchos...

3. A veces también me preocupa que tengo un poco de fimosis —esto es, que me cuesta retraer el prepucio cuando estoy erecto. Como no me imagino a estas alturas circuncidándome para resolverlo, he intentado: masturbarme mucho (¡por esa causa o por cualquiera!), cremas, estirones, y dejarlo así. Total, con condón no me afecta tanto.

4. Cuando a veces al acostarme me da por hacerme una paja, si pienso en alguien que me guste en ese momento, no me imagino que estamos teniendo sexo, sino que está solo, acostado también, masturbándose... ¡Me da mucho morbo!

5. Bajarme fotos porno consume gran parte de mi tiempo conectado. Pero... casi nunca vuelvo a ver las fotos que bajé (ya llenan varios CD): siempre habrá nuevas.

6. Mientras escribo esto, tengo abierta otra ventana con el Flickr (Firefox rules!), viendo fotos de la marcha gay de Atlanta. En un rato serán fotos porno, puedo asegurarlo... Incluso si estoy haciendo algún trabajo en casa, en el fondo siempre se están cargando algunas páginas porno...

7. Soy un confeso, irredimible crotch-watcher. Un buzo de braguetas. Me gusta evaluar el bulto, las posibles dimensiones; celebro el atisbo de una silueta distinguible. El orden en que miro a alguien en la calle casi siempre es el mismo: ojos-boca-bragueta-ojos. A menos que vaya en dirección contraria, en cuyo caso es culo-culo-culo-culo.

8. Cuando conozco a alguien para un poco de sexo casual, casi nunca paso de una o dos encuentros. En ocasiones, si a la persona le he gustado y tiene mi teléfono, nos seguimos escribiendo, pero cuando intenta que lo hagamos de nuevo, me da como ladillita... Claro que también me pasa que yo quiero más y ya no me paran, pero es menos frecuente, je je je...

* * *

Listo. ¡Uff! Trataré en lo sucesivo de ignorar estas tareas. Me agota ponerme a pensar listas... Ah, con respecto a la tercera regla de la tarea, le voy a hacer una reforma constitucional: si ha pasado más de mes y medio desde que me encomendaron esto, probablemente todos mis contactos ya lo hicieron, así que la lista se reduce: Guille, Poehunter, RicardoP. Y ya está.

martes, 17 de julio de 2007

Algo sobre pagar por sexo...

Un detalle reluce en la historia que he venido contando de Franela, un aspecto con el que no estoy del todo en paz y que tal vez sea también incómodo de manejar para más de uno de los que me lean por acá. Ese detalle es el de pagarle a un tipo para tener sexo con él.

¿Prostitución? El negocio más viejo de la humanidad, dirán. Pero no es eso. Creo. Nunca me he acercado a lo que sería formalmente ese servicio. Leo los clasificados de putos por pura curiosidad y morbo; nunca llamaría. Tampoco rondo los conocidos lugares donde vagan quienes venden su cuerpo cada noche. Esto es diferente.

Los "circuitos de levante" caraqueños se caracterizaban por estar habitados de toda clase de chicos, hombres y no tanto, pendientes de sólo una cosa: un rápido encuentro sexual furtivo y anónimo, tal vez la posibilidad de citarse en otro sitio, pagar un hotel entre dos (o más), ir a casa o incluso esconderse entre arbustos y lograr el anhelado orgasmo clandestino. Hasta ahí, todo normal —si se puede llamar así.

Mas de buenas a primeras estos sitios, cuando no menguaron o desaparecieron bajo el fastidioso acoso policial o de rateritos (no sé cuáles son peores), se comenzó a alimentar de esos chicos que, además de procurarse los tales momentos de intimidad anónima (¿?), buscaban una retribución económica, si bien informal.

La primera vez que subí con alguien a la oficina y me dijo "¿Y con cuánto me vas a ayudar?", me quedé pasmado. ¿Pagarle? ¿Por sexo? ¡Pero si subió por su voluntad! ¡Me lo levanté! ¡Yo ya tenía mi mano dentro de sus pantalones! De inmediato lo corté: "Pana, todavía no creo que necesite pagar para tirar..." le dije, entre retador y ofendido, mientras abría la puerta de nuevo. Dejando una rendija abierta, claro: "Cuando quieras echar uno por disfrutar, acá te espero..."

No me lo esperaba. Cierto que en algunos casos uno se fija que la persona puede no estar en la misma situación económica que uno; a veces en el juego de la seducción uno invita a una bebida, o a comer. Pero el frío intercambio de moneda por piel se me antojó, de repente, oscuro y decadente.

No fue un caso excepcional, fui descubriendo. Ahora era una tendencia, al menos en los sitios de "circuiteo" que frecuentaba. Más y más muchachos de los que se veían en las tardes con el típico comportamiento de pasar y volver a pasar, sostener la mirada pícaramente, adoptar poses sugerentes o de plano tocarse y enseñar sus "partes", se dejaban seducir para, en el momento justo, pedir una "colaboración" los más tímidos, o "cobrar", los más lanzados. Los lugares se putearon.

A miMa le sucedió, incluso, de una forma más sutil y sin embargo tanto más profesional: un chico al que conoció y con el que alternó alguna que otra tarde, se quedó mirando una vitrina de ropa cuando lo acompañaban para despedirlo en el Metro, y dejó caer, casualmente: "Esa camisa está bonita... me la puedes regalar en mi cumpleaños". Era un paso más allá de su tendencia (nada casual, le insistía yo) a aparecerse disponible justo cerca de la hora del almuerzo, al que gustoso aceptaba ser invitado...

Hay sus variaciones. Algunas veces Franela —no el único que me ha pedido dinero pero sí el único "repitiente"— llegaba chillando: "necesito real, mi pana"; o "mira, y cuánto tienes ahí..."; por vacaciones o puente, de súbito requería más. En otras ocasiones, ni siquiera tocaba el tema, y si le dábamos algo se lo guardaba como algo no esperado. Una vez nos quedamos a ver en la plaza cercana, y mientras lo esperaba me compré una película pirata. "Lo que tengo es esto," le enseñé el escaso vuelto de la compra del DVD. "Bueno, déjalo así..." y subimos, yo sabiendo entonces que lo que lo guiaba era una feroz excitación; ganas de tirar, acabar, y no las ganas de cobrar...

Pero el fenómeno está allí. O tal vez los sitios de "alterne" comunes, los de simples buscadores del sexo por el sexo, se han mudado sin dejarme aviso. O tal vez todo ahora es negocio, considerando las siempre peores condiciones económicas y laborales reinantes.

Además, está el otro factor, que yo considero importante, y tal vez decisivo en cuando a mi excitación se refiere: quienes piden "colaboración" son sobre todo hombres, algunos con mujer e hijos, que sólo ven en el intercambio sexual rápido y serio un "resuelve" para el bolsillo. Los míticos "cogemaricos", con toda la carga homofóbica que esa horrible palabra pueda tener. Tema futuro...

lunes, 16 de julio de 2007

Un acceso de penita

He estado comentando recientemente en varios blogs, y algunos de quienes los escriben me han venido a leer. En sus respuestas a mis saludos he percibido un cierto elemento de precaución o cortés distancia, que me ha puesto a pensar acerca del carácter "explícito" de mis contenidos. Me he preguntado si tal vez no estoy siendo muy gráfico. Un repentino pudor verbal me atacó.

¿Soy muy procaz? ¿Tal hay vez demasiado detalle escabroso en mis relatos? Abrí este blog para poder comentar algunos hechos de mi existencia que no son del dominio público. Igual son mis inquietudes, experiencias, dudas. Como las de cualquiera. Cualquiera gay, digo. Y creo que lo explícito no es gratuito o pornográfico: forma parte de la médula de cuanto quiero decir.

Tal vez me he puesto monotemático con los últimos cuentos; otros posts se han quedado en el tintero por la avalancha de continuaciones que lo de Franela ha tenido. Hay que variar... pero el centro de este sitio será siempre el mismo: mis experiencias y dudas como hombre gay. Hay relatos que tengo que sacarme de la cabeza, y sólo encuentran asiento acá. Hay preguntas que me hago que quienes comparten conmigo en este espacio quizá también se hacen y pueden ayudarme a responder. Hay una cantidad de gente increíble que he contactado a través de este blog, que si se ha mantenido cerca es porque algo me ha estado saliendo bien. Creo.

Sus respuestas me orientan, espero poder seguir siendo leído y criticado. Gracias.

viernes, 6 de julio de 2007

Las llamadas, días después (Franela, IV)

Luego de esa primera vez que se la chupamos a Franela, quedó de alguna manera acordado lo que podía ser el sencillo procedimiento en caso de querer volver a tener "contacto".

Mientras nos aseábamos y acomodábamos nuestras ropas —más que desvestirnos, apenas habíamos descubierto nuestros sexos: él para ofrecerlo al cautivado público, miMa y yo para masturbarnos— yo hacía algo de conversación ligera, con alusiones más o menos directas al tamaño de su verga, la profusión y violencia de su eyaculación, la idea de que no sería la única vez que transáramos...
Muy serio, mirando siempre al piso, a su ropa, sus manos, Franela definió la cosa en cortas frases. "Si quieres me das tu teléfono," soltó. Se lo anoté en tres segundos.
"Bueno, cualquier cosa, si estás por allá..." adelanté, refiriéndome a su puesto de buhonero, donde habíamos negociado este encuentro. "No, no pasen por allá," me atajó enfático, celoso de su territorio. "Yo cuando necesite, los llamo." MiMa y yo nos miramos fugazmente. ¿Cuando necesite qué?, pensé. ¿Que se lo mamen? ¿que le den plata?

En un par de días pude sopesar esas preguntas de nuevo, cuando me lo encontré en plena tarde, de vuelta de mi oficina, por la esquina de la avenida —zona neutral, me fijé— como a cuadra y media de su puesto.
— Eeeepa, ¿qué pasó?— me saludó con tono de camaradería, dándome la mano con aspavientos, de pana a pana.
— ¿Qué hay?, seguí yo, acompañando sus pasos. —Mira, men, y lo del otro día...
— Ajá, qué...
— Estuvo bien, ¿no? Dime algo: ¿te gustó más el negocio que hicimos, o te gustó el... trabajo hecho? Porque, cualquier cosa, "fuerza" no siempre hay —aventuré el sinónimo malandro de dinero— pero ganas de trabajar siempre quedan...
— No, bueno, tranquilo... —caminaba rápido hacia su negocio, un amago de sonrisa pícara en su cara: claro que es negocio, pero le gustó la mamada; yo me freno en la esquina para hacerlo cerrar la frase y la conversa— Yo tengo tu número, si el sábado están por ahí, resolvemos...

Y ese sábado, y durante algunas semanas, cuando se acercaba el sábado y a eso de la una de la tarde —me imagino que esa era la hora "legal" de alejarse de su puesto por un rato, a comprar comida— yo sabía que podía sonar en cualquier momento mi celular, y que vería en la pantalla "NÚMERO PRIVADO" o algún número extraño (alquilado, seguramente), y que al contestar escucharía, primero, el ruido inconfundible de la calle, y después:
— Aló... ¿ElOtro*? ¿Qué pasó, pana? Soy yo, el chamo de las franelas...
Nunca me ha dicho un nombre, ni siquiera falso, como sé que algunos acostumbran hacer. Y yo, aunque el día, la hora y el tono inconfundible ya me lo habían dicho todo, pretendía casi siempre no reconocerle hasta que decía eso: "el chamo de las franelas..."
— ¡Ah, epa! Qué cuenta...— Y me quedaba callado, para ver si se atrevía a asomar el tema obvio de la llamada, que casi siempre resumía así:
— Mira, y... ¿qué pasó? Háblame claro...— O si no:
— Mira... te tengo las franelas... ¿te las llevo?
Sabía yo entonces que estaba en un teléfono de esos alquilados, rodeado de gente, sin poder hablar en privado, y le soltaba alguna cochinada:
— Qué pasó... ¿Pendiente de una mamada? ¿Quieres que te saque la leche?
Se reía, obviamente nervioso, y dejaba entonces que yo le diera las instrucciones precisas: vente, que estábamos hablando de tí; o no, no estoy en casa pero llego en un rato; hoy no se puede; no hay fuerza. Muchas veces, en honor a la verdad, me molestaba haber llegado a tanta confianza, y sobre todo a pagar por tener sexo; esas veces me negaba o no contestaba el teléfono. MiMa, más estricto que yo con aquello de repetir, me apoyaba con una mirada severa.
Pero otras veces dictaba él:
— Mira, yo estoy por allá como en diez minutos, baja y me abres...
Y entonces mi erección era inmediata, y si a miMa le parece buena idea —siempre deja que yo haga la negociación con él, Franela también "se corta" un poco hablándole aunque no tiene problemas en dejarle "hacer"— me hacía un gesto de aprobación y yo cuadraba todo. Y más tarde nos encontramos de nuevo por un rato con el fabuloso falo y el cada vez más desnudo y colaborador cuerpo que lo acompaña...

Next: Cada vez más desnudo. Mi reto: que se dejara hacer cosas...

(*) Me llama, claro, por mi nombre, no por este
nick.

lunes, 2 de julio de 2007

¡¡Las fotos de la marcha!!


Mucho arcoiris...
Cargado originalmente por elotroxxx
Son las once de la noche pasadas, pero tenía que postear para avisar que ya monté en mi Flickr las fotos (unas treinta de las casi trescientas) que tomé ayer en la fiesta al final de la marcha del Orgullo Gay de Caracas, en Plaza Venezuela...
No pude estar hasta el final de la fiesta, pero durante las horas que me quedé la música estuvo buenísima, el show un poco menos (no lo vi todo, pero las actuaciones de siempre: imitadores varios, mariqueras múltiples), y las vistas... bueno, aprecien las que puse y me dicen qué opinan...
Próximamente escribiré con más detenimiento sobre el evento. Pasen por allá y disfruten, por ahora, del testimonio gráfico, con todo cariño y dedicación...

viernes, 29 de junio de 2007

La primera vez que subió (Franela, III)

Llegué a casa soltando las llaves y contándole a miMa el encuentro cercano del segundo tipo* con Franela. Tras unas tibias imprecaciones sobre el riesgo de tales aventuras públicas, quedó claro que no le parecía mal explorar las posibilidades de algo más...

Así que el sábado, un par de días después, nos dimos una vuelta por su puesto de venta. Yo, siempre un poco más zumbao en estas cosas —sobre todo si estoy acompañado— me acerqué, como quien no quiere la cosa, a las ristras de coloridas prendas colgadas, como quien evalúa una compra. Lo cual, de hecho, estaba haciendo.

— Epa, qué hay... —Dejo la pregunta abierta y reviso franelas y camisas, sin verle a la cara.
— Dime, pana, a la orden...— Me mira brevemente, y me reconoce. Comienza también a acomodar su mercancía. Ahora sí busqué sus ojos para asegurarme que supiera a qué nivel estábamos negociando:
— Y... ¿el otro día qué? Yo pensé que te quedabas...
No contestó, pero por su gesto entendí que la cosa no era "el otro día", que estaba allí para resolver. Me miraba esperando la propuesta. De una vez le hablé de dónde resolveríamos.
— ¿Sabes... dónde está el edificio Tal?— MiMa ya estaba a mi lado, viendo camisas y atento al negocio. Lo incluí en la conversa con la mirada.
— Ese está bajando por aquí, ¿no?— Se lo señalé, disimulado. Lugar, listo. Tiró entonces su anzuelo: —Ah, bueno... Pero tú sabes que yo cobro...
No me lo esperaba, tampoco me sorprendió. Pero ya estábamos "montados en el autobús": sí estaba dispuesto. Mientras yo revisaba revisaba las costuras de una franela verde con la bandera de Brasil, le pregunté cuánto.
Tantosmil, la franela... —disimuló.
— ¿Y en cuánto me dejas dos? —le dije mirando la franela y a miMa. También él lo sopesó.
— Dame otrostantos. —MiMa y yo nos miramos, rápido, y aprobamos. Le devolví la franela de Brasil, con lo que él se acercó bajando la voz: —Espérame en la puerta como en media hora, yo paso por allá...

Ya teníamos cita entonces. ¿Para qué? Bueno, al menos vería el mástil de carne de nuevo; qué hacer con él se vería en el momento. Repasamos algunas medidas y precauciones: lo llevamos a esta habitación. Mosca si tiene un bolso. No dejarlo solo ni en el baño. Cualquier cosa, condón. Y cuidado con el semen...

La media hora pasó como en cinco minutos. Nos entretuvimos en la puerta del edificio viendo películas quemadas, y al rato lo vimos acercarse, apurado y viendo a los lados como si temiera ser seguido. MiMa abrió la puerta y Franela pasó, sin vernos, cual celebridad con guardaespaldas. Paranoico de ser visto en ese trance. En el ascensor miraba a las puertas, preguntaba. "¿Hay alguien más en el apartamento?" No. "Nada más ustedes dos?" Sí, nada más.

Llegamos a casa y miró alrededor antes de llevarse las manos al cierre del pantalón, que ya se veía abultado. "No, aquí", le dije señalándole la habitación. Entonces entró al baño — a lavarse, por lo que se oía— y cuando salió ya le esperábamos al lado de la cama. Entró, se paró a mi lado y se abrió el cierre. Metí la mano y lo que saqué sobrepasó mis expectativas, pues no la había visto antes tan de cerca: una tremenda verga morena, ya semierecta, que al apretarla sentí caliente, latiendo y creciendo más.
Me senté al borde de la cama y ví a Franela a la cara: sólo esperaba lo obvio, mientras se miraba el pene. Eché hacia atrás su piel para descubrir una cabeza ancha y púrpura de bordes gruesos, y de inmediato me la metí en la boca... Su calor me inundó y me recorrió el cuerpo. Él empezó a bombear dentro de mi boca con el miembro, que yo trataba de acomodar hasta donde fuera posible.

Me separé tras una buena mamada inicial, para liberar mi propio pene que estaba a reventar, y miMa se hizo cargo. Esta es una escena que me gusta ver, así que me paré mientras me abría el pantalón, para apreciar el trabajo de miMa, dándole lengua a la verga morena y masturbándose al mismo tiempo, y la cara de concentración de Franela, sus manos en la cintura y la cara ladeada, viéndose adorado por el falo.

Pero no quería perderme la merienda. Me acerqué, ahora dándome unos toques al miembro, y como siempre en estos casos, tanteé hasta dónde podía llegar con el tipo: me le acerqué con mi pene en la mano hasta casi estar a su lado, a ver qué hacía. Ni lo vió, y alejó disimulado la mano. No hay caso: sólo quiere una cosa. Me senté de nuevo y le agarré el miembro a la mitad, guiándolo a la boca de miMa, dándole ligeros golpecitos en los labios con la cabezota húmeda. "Mmmm, sí, dale, así...", dijo por fin, tras su silencio desde que empezamos. Lo masturbé un poco y luego seguí mamando. Mientras miMa se separaba, Franela se abrió el cinturón (apenas tenía el pene a través del cierre), y se abrió el pantalón, bajándolo sólo unos centímetros. Lo agarré por la cintura y busqué la liga del interior, que estiré hacia abajo para descubrir los testículos. Se los lamí un poco. El tipo se subió un poco la camisa, y miMa aprovechó para chuparle un poco una tetilla. Franela se dejó hacer por un rato, pero no encantándole, aparentemente. En un momento se cubrió el pecho nuevamente, y le puso la mano en el hombro a miMa, empujándolo hacia abajo. Quería que me acompañara en la felación. Así que de repente nos encontramos ambos a la altura de su pene, que Franela se empujaba hacia abajo por la base con dos dedotes, su cabeza poniéndose más dura, más roja, más grande. Nos acercamos cada uno por un lado, y formamos una especie de túnel con las bocas, que el tipo aprovechó bombeando, cogiéndose el espacio entre los dos, el glande rozando nuestros labios en su ida y vuelta. Yo sacaba la lengua para encontrarme con el sabor de su falo, con los labios y la lengua de miMa. Franela aceleraba cada vez más, mientras miMa le acariciaba las bolas con su mano y yo exploraba por su pecho con la mía. Ambos nos pajeábamos aceleradamente, Franela gemía, hasta que se detuvo, puso su mano en mi cabeza y me volteó poniendo mi cachete frente a él, lo que entendí como el acto final. MiMa se juntó un poco, justo cuando Franela chupaba el aire entre sus dientes, se masturbaba furiosamente por unos segundos y el semen blanco, caliente, se disparaba del orificio en su glande y se regaba por mi cara, por el piso, volaba por el aire...

MiMa, sincronizado perfectamente, acabó en su mano viendo la eyaculación del "invitado", y yo después, en el lavamanos del baño cuando todo terminó, mientras Franela se apretaba la verga para exprimir las últimas gotas de semen y buscaba con la vista y en silencio con qué limpiarse. Le largué una franela usada donde se secó la leche, me lavé la cara y le di paso para lavarse.

(*) En UFOlogía, el estudio de Objetos Voladores No Identificados, un encuentro cercano del segundo tipo consiste en avistamiento del tal objeto, mas algún efecto físico asociado: calor, radiación, parálisis de humanos, ganado asustado... tres de los cuatro efectos no está mal, ¿no?

lunes, 25 de junio de 2007

La marcha es este domingo

Como ya me lo confirmó mi amigo el activista ayer, este domingo 1° de julio es la Marcha del Orgullo Gay de Caracas. Siguen siendo sus coordenadas Parque del Este como inicio y Plaza Venezuela como llegada.

Ya tengo lista mi cámara y mis zapatos cómodos: en años anteriores había esperado la manifestción en su llegada, la Plaza de los Museos, pero esta vez quiero recorrer, si no toda, gran parte de la ruta planteada.

Y como me dijo "mi hijo" DD en estos días, hay que ir a ver papitos... ¡Y dejarse ver, digo yo! No tanto como para salir en la foto de portada el lunes siguiente en Últimas Noticias, pero... estar allí. Hacerse sentir. Formar parte de un colectivo que, como toda agrupación humana, tiene sus fallas, contradicciones, bajezas, miopías... pero también sus fortalezas, sus deseos, y sobre todo sus derechos y sus justos reclamos.

Ahora bien... ¿por qué marchar? ¿Hay alguna reclamación en el aire, alguna petición concreta de nuestro colectivo a la sociedad en general, que debamos promover? Porque además del previsible desfile de machos buenazos y liberador bonche callejero (adornado de plumas y faralaos, seguramente) debemos estar concientes de que como grupo estamos sentando una posición. Un punto de vista.

Leí en el blog de Jogreg su acertada opinión acerca de estos eventos y, tal como se lo comenté allá, me parece que lo importante de la marcha no debe ser necesariamente el bonche (¡¡¡que también vamos a disfrutar, quién lo duda!!!), sino establecer una presencia, una visibilidad como conjunto.

Muchos dicen que al marchar, nos estamos segregando del resto de las personas cuando deberíamos buscar, en realidad, lo contrario. La diferencia de punto de vista puede ser sutil, pero yo creo que precisamente el reconocimiento del colectivo gay pasa constantemente por afirmarse como grupo visible y numeroso, que existe y seguirá existiendo —y no afirmar orgullo, que tampoco comparto plenamente: soy así; ¿por qué habría de estar orgulloso? Es como estar orgulloso de tener dos piernas: no hice nada para lograrlo. ¿Si fuese de otra forma me avergonzaría entonces? Tampoco.

Quienes piensan que para ser aceptados debemos dejar de manifestar, creo que en el fondo no temen que nos volvamos un gueto auto-aislado, sino que temen ser señalados, estar bajo la lupa pública. No claman la integración para ser normales, la claman para ser invisibles.

Hay muchos derechos y reivindicaciones que se logran sólo con presión y constancia. Sabemos que los derechos de las parejas gay se han logrado en otros países de esa forma, y no pretendiendo que diluyéndonos en la mayoría tarde o temprano seremos aceptados...

¿Y qué pasa con los que dicen que no quieren juntarse con una parranda de locas en plumas y vestido? ¿Los que no le ven la gracia a un poco de hombres imitando a Shakira o a Miss Venezuela? Yo soy uno de ellos: no discrimino a nadie, pero nunca me verán desatándome ese día, ni maquillándome para ejercer mi derecho a que me gusten los hombres. Soy hombre, y natural, normal.

Y precisamente por eso es que pienso que el mayor grupo de la marcha tiene que ser el de carajos normales, como yo, como la mayoría de amigos gay que tengo, que somos cualquier persona: el vecino, el amigo, el compañero de trabajo. Tipos comunes y corrientes. Así la gente tiene que darse cuenta de que formamos parte de su entorno inmediato y cotidiano. Que no somos monstruos a quienes temer. Y esto sin desdecir de quienes elijan ir de "locas" —de hecho, estaremos celebramos la inclusión si, al ser diferentes, marchamos juntos...

¿Y ustedes qué piensan?

martes, 19 de junio de 2007

¿Mi amigo DD se convierte?

Hola, papi, feliz día. Qué hacen?
Es domingo, Día del Padre.
No tengo hijos, mucho menos uno que tenga celular y me escriba mensajes.
Es mi amigo DD, que a raíz de un viejo chiste entre nosotros, me llama papá y yo lo llamo hijo (otro post explicará esto). Estoy en el cine con miMa y unos amigos, comenzando a ver Exterminio 2. Se lo escribo, tapando la pantalla para no molestar a los muchachos.
Me la cuentas. Y por fin cuando es la marcha? Quiero tomar fotos y ver el desfile de papitos...
En esto sí parece hijo mío, qué orgullo... (se refiere a la Marcha del Orgullo Gay de Caracas). Le cuento que no está segura la fecha, y que papitos era lo que estaba viendo yo, en el centro comercial y la cola del cine.
Perra! Y cuando vamos a bailar? Se me esta olvidando...
Así seguimos con los mensajes, yo tratando de concentrarme en las primeras escenas de la película. Luego de otras naderías me suelta esta perla:
Papi, me estoy volviendo pasiva, estoy viendo braguetas que jode...
Ahora sí tengo que hacer un esfuerzo para aguantar la carcajada en el cine: ¡DD es el marico más consistentemente activo que conozco, si es que tales roles tienen alguna validez! Le gustan los hombres —en eso está claro— pero siempre ha sido la parte de arriba del asunto. Se ha cogido a media urbanización donde vive, y una buena parte de mi propia zona. Me ha cogido a mí, por Dios, pero esa es otra historia... Y como cada vez que insinúa su decisión de, ahora sí, dejarse penetrar o darle a alguien la felación que siempre recibe, me lo tomo a broma y le contesto:
Ya era hora! Despues de todas las que has hecho... Te vere mamando...
Mientras él escribe, le muestro a miMa el mensaje de su preocupación con las braguetas. Entorna los ojos —también se sabe los cuentos de DD: que si me lo voy a buscar grandote, que si tiene que ser bello, que después que empiece se va a volver una pasiva más — y en eso llega la respuesta:
Bueno, tiene que ser en el club, con uno grandote, que me haga vomitar, jajaja
Mi amigo se repite... ¿Será que me está anunciando lo que ya tiene intención de hacer? No lo creo: nunca ha manifestado ninguna clase de interés por un pene que no sea el suyo propio. Si, como dicen algunos, la felación hiciera algo con el tamaño del miembro, DD orinaría por el ruedo del pantalón.
Bueno, ya te contare cuando me den por la boca, tu sabes que soy muy espontaneo...
Cómo dudarlo. Tampoco lo dejo escapar:
Contarme no, debo verte, bastante me has visto tu hacerlo... Te tomare fotos.
Hemos tenido esa conversación antes, y creo que no pasa de ser una broma para mensajearnos. Pero, ¿puede cansarse un gay de su rol sexual común, y cambiarse sólo para probar? No él, pero tal vez. ¿Y si alguien siempre ha deseado probar, y no se haya atrevido por alguna extraña causa? Otro amigo mío, de similares características y costumbres —aunque no tan solicitado como DD, todo hay que decirlo— piensa que si alguna vez "da culo" (es bastante directo, mi amigo), teme que le vaya a gustar mucho y se vuelva "una loca". ¿Cuán loca te vuelves si sólo te penetran una vez, para ver qué tal? ¿Y por hacer una mamada? ¿Dos, cien? Algunos creen tener una frontera bastante cercana: un compañero de trabajo (hétero) que tuve se partía de risa cuando le mostré fotos de tipos autofelándose. Le lancé la pregunta: Si pudieras doblarte así, ¿lo harías, te darías a ti mismo ese placer? "Qué va... ¿Y si me queda gustando mamar güevo?"

Tal vez DD necesite un poco de apoyo para intentar lo que nunca ha hecho. Una especie de aprobación, si bien simbólica. Quizás necesita que le prometa que no va a empezar a caminar extraño o a pintarse las uñas si toca un pene con la boca... Aunque en el fondo él sabe todo eso: conoce mis preferencias y las de otros cuantos, y sabe que somos y nos vemos como personas normales, no desarrollamos ninguna preferencia por sedas rosadas o tacones... El mensaje que debo enviarle, ya fuera del cine y una vez que escribí esto para leerlo y pensarlo, quizá deba ser:
Solo ve dentro de ti. Tu sabes quien eres, y lo que hagas no debe cambiar lo que piensas de ti mismo...
Y además, siempre me quedarán las fotos de recuerdo.

domingo, 10 de junio de 2007

Bisexualidad

Un reciente post de mi amigo Patacaliente me puso a pensar, cuando le respondía, sobre la bisexualidad, que él profesa (¿practica? ¿siente? ¿representa? Help me here...). Me parece que me explayaba demasiado en el comment, así que corté y me traje el resto de la reflexión para acá.

No puedo decir que haya tenido una opinión invariable sobre la bisexualidad a lo largo de mi vida. Alguna vez me pareció una definición que encerraba a los "hipersexuados", los que veían sexo y morbo en todo ser viviente: no una opción sino la suma de todas las opciones, la de los que lo quieren todo. Mas esta era una visión bastante genital (y un poco paranoica) del asunto, del que no tomaba en cuenta la dimensión afectiva.

No dejé de pensar también que los gays indecisos o inseguros se llamaban a sí mismos bisexuales; así podían tener una relación heterosexual que poder "mostrar" en el mundo normal, y echar una cana de vez en cuando con los de su mismo patio —donde realmente se sentían a gusto— sin sentirse culpables o raros. Una especie de paso previo a la aceptación de la condición gay. Y como dice Pata, es casi tópico que los gays declarados vean a los que se dicen bisexuales con una especie de paciente incredulidad: Sí, claro... Bi. Tú lo que pasa es que no quieres que te digan marico...

Y aunque esa perspectiva también me negaba de plano que existiera una real bisexualidad, aún ahora creo que hay algunos se engañan de esa forma, o no están en capacidad de reconocer ante sí mismos que gustan de personas de su mismo sexo y lo disfrazan como "uno de los colores" de la "amplia" gama sexual que abarcan. Creo que sufren, y en el proceso hacen sufrir a la persona que está a su lado sirviendo de tapadera de los verdaderos sentimientos...

Esa es una cosa que nunca pude hacer. Puedo hablar por mí. Soy gay, pero como muchos, tuve novia a la edad en que eso comenzaba a ser práctica (bueno, más bien un poco tarde), y aunque creo que esa fue una etapa muy importante y feliz en mi vida—hubo amor, me sentía en verdad bien con esa persona— me movieron más las ganas de encajar en la norma y el empeño de ella (nunca fui muy asertivo) que el deseo real de estar con una mujer. Por eso el sexo... quedó pendiente. Hubo quizá miedo, al menos de mi parte. Y una de las muchas voces que escucho en mi cabeza cuando me adentro en esos temas dice que de haber sido más decidido en cuanto a intimar con ella, tal vez (sólo tal vez) mi universo sexual/emotivo sería muy distinto al de la actualidad. No lo sé. Pero eso es otro tema.

Lo que sí me quedó claro fue que, una vez aceptado el hecho de que me gustaban los hombres (y créanme, que tardé en darme cuenta; creo que más que las personas que me rodeaban), no iba a hacer creer a nadie una cosa cuando sentía otra —y menos a una persona que se involucrara sentimentalmente conmigo. No me verá nunca nadie, y menos a estas alturas, simular una relación o tan siquiera simular deseo sexual en una conversación de pasillo entre machos, para salvar mi imagen ante los "normales".

Tal vez lo que he sacado en claro de todo este barullo confuso en mi modo de ver la bisexualidad es que ahora mismo tal vez sí reconozco la afectividad como parte del tema. Una persona bisexual puede desear a otras de su mismo sexo o del opuesto, pero también puede enamorase de ambas (no a la vez, se entiende; eso también es otro tema); yendo incluso más allá, una persona puede tirar frecuentemente con otra del sexo opuesto (¡puede incluso, cuando la lujuria es demasiada, tirar con una muñeca de plástico, con un bistec crudo, con el perro del vecino!), pero hay que hurgar en dónde se haya la emocionalidad de esa persona para ver la verdadera inclinación.

Hace unos años me abrí (en el sentido emocional: me salí del clóset) ante un gran amigo hétero a quien ya había contado, cervezas de por medio y para saciar su socarrona curiosidad, que mis encuentros sexuales habían ocurrido tanto con hombres como con mujeres. Esto último de las mujeres, aunque fuera cierto, lo sostuve más por pena, más como un último vestigio de lo que me hacía similar a él: ey, también cojo hembras como tú, no me odies. "¡Pero si tiras con mujeres, y sé que lo hiciste con XYZ, no eres marico!, me decía. "Si acaso bisexual". "Habré tirado," le dije quitandome del rostro el último vestigio de máscara, incluso descubriéndolo para mí mismo: "pero no me enamoro. Sólo he querido a hombres". Se rindió: tenía un pana marico.

Creo finalmente que la dirección del deseo es otra de las diferencias entre el ser bi y ser gay confundido: el que quiera o diga querer mucho a la persona del sexo opuesto con la que hace pareja, pero no sienta o exprese similar deseo por ella, y sí por los de su mismo género (y que además, sienta culpa por ese deseo "pecaminoso" o "transgresor") no es bisexual. Es, como las sabias locas de más arriba, que no quiere que le digan marico...